Sectores importantes de la política y de la economía están muy interesados en orientar adecuadamente la información para sacar el mayor provecho en temas tan cruciales como puede ser la energía, aunque para ello hayan de llegar a guerras por petróleo, agrocumbustibles por hambre, transgénicos dañando el ecosistema, sin importar que todo ello derive e incida en el cambio climático. No es de extrañar que el montaje institucional y mediático cree confusión y se diga y escriba toda clase de disparates; hay demasiados intereses en juego aunque sea a costa de la supervivencia de millones de personas, como está sucediendo intencionadamente, pero sin que ello sea obstáculo ni problema para las grandes potencias, potencias sólo en armamento y destrucción, no otra cosa están demostrando ser.
La cadena de errores del artículo El fin del petróleo, Rebelión , 09-09-2007 relacionados con la Física, la Química y con la tecnología, tergiversa seriamente la situación energética internacional al considerar al hidrógeno como una fuente alternativa de energía cuando lo confunde y compara con el gas natural, carbón, energía solar, eólica, entre otras, mezclando, además, energías renovables y alternativas con las que no son ni lo uno ni lo otro.
El hidrógeno no se encuentra libre en la Naturaleza. No hay yacimientos de H2, no es una fuente de energía, sólo es un combustible que puede conseguirse con determinados procedimientos en los que siempre será necesario aportar más energía que la que se va a obtener, porque como en cualquier proceso, siempre habrá pérdidas como así lo determinan las leyes de la Termodinámica. Contienen H2, entre otros, los hidrocarburos, aceites, alcoholes y el agua, pero siempre formando parte de moléculas que es necesario disociar, obteniendo toda su energía quemándolas directamente si son combustibles o, de lo contrario, aportando energía que libere el H2 en el momento o posteriormente, para su utilización inmediata o retardada, actuando en este caso, como depósito o almacén de energía.
Como en cualquier argumentación, siendo falso el primer paso, lo son en todo o en parte los demás. El artículo citado habla de la mayor eficiencia energética de la pila de H2 frente a los motores de combustión interna, olvidando que compara una fuente de energía no renovable, como es la gasolina o gasóleo, con el H2 que ni siquiera es fuente de energía, sin mencionar cómo y con qué energía se carga la pila. Continua con el coste de los motores y del problema de sus respectivas tecnologías para terminar con que la estructura comercial del petróleo está valorada en diez trillones de dólares, cantidad inexistente en este mundo (Error frecuente por traducir billion por billón y no por mil millones). La mayor parte de los datos aportados son equívocos o incluso falsos.
El autor apuesta en el citado artículo por buscar nuevas tecnologías para poder continuar con el actual nivel de consumo y rendimiento energético y manteniendo el precio actual del petróleo y sugiere:
"que en el futuro la matriz energética mundial deberá necesariamente ser una mezcla de energías a partir de hidrógeno, placas solares y torres eólicas."
Más confusión ya no es posible (aparte de que la falta de esas tecnologías se están sustituyendo por guerras y ocupaciones militares) no sólo considera al H2 como fuente de energía sino que lo propone como fuente energética junto con otras que sí son fuente de energía, renovables y alternativas, pero olvidando que son limitadas y que el futuro está forzosamente en el ahorro de energía. De nada sirve recurrir a tics como el de mejorar la eficiencia energética y citar a Fidel Castro cuando todo ello se hace en este contexto de disparates.
El resto del artículo de Miguel Angel Llana en Rebelión
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