Recopilación de curiosidades, historias y noticias que encuentro interesantes. Y eso que llevo chaleco, viteh...
Llevo chaleco, viteh.
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sábado, 9 de mayo de 2009

«Apocalypse Now»: 30 años del horror a ritmo de walkiria

Convertir la guerra de Vietnam en una suerte de ópera filosófica fue la más ambiciosa empresa de Francis Ford Coppola, que tradujo un rodaje dantesco en una obra maestra de densidad «wagneriana» bajo el título de Apocalypse Now.



El 10 de mayo de 1979, el director de El Padrino (1972) presentaba la película en el Festival de Cannes. Demostrada su irregularidad como artista y tras las complicaciones del rodaje, podía esperarse lo mejor o lo peor. Días después, se llevó la Palma de Oro y sentenció: «Ésta no es una película sobre la Guerra de Vietnam, esto es Vietnam».

Trasladar la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, desde el África colonial a la guerra que empantanó al ejército estadounidense entre 1958 y 1973, había implicado un rodaje de 16 meses, un presupuesto de 30 millones de dólares de la época y dos años en la sala de montaje.

Martin Sheen, su protagonista, sufrió malaria y un infarto en plena filmación, el director amenazó con suicidarse tres veces y el huracán «Olga» asoló Filipinas, siendo inmisericorde con el set de rodaje. Coppola podía hacer suyas las palabras del coronel Kurtz, el personaje estrella de su película: «Es imposible para las palabras describir lo que es necesario para aquellos que no saben lo que el horror significa. El horror. El horror tiene una cara y uno debe hacerse amigo del horror. El horror y el terror moral son tus amigos. Si no lo son, son enemigos a los que hay que temerles. Son enemigos de verdad».

Coppola, que había llegado al proyecto con un guión de John Milius y como alternativa a George Lucas, se abrazó al caos e intentó sacar lo mejor de él. Lo tradujo en una visión sofocante de la guerra en la que los soldados luchaban bajo los efectos de las drogas, en un país del que nunca habían oído hablar y abanderados bajo una moral e ideología como mínimo dudosas.

«El ejercito entrena a los jóvenes para matar a otros jóvenes, pero, sus comandantes no dejan que los muchachos escriban prostituta en sus aviones, ¿sabes por qué? ¡porque es obsceno!», arengaba Kurtz desde su reducto de fanatismo selvático.

Para encarnar este personaje, un ex boina verde reconvertido en gurú de los vietnamitas, Coppola sabía quién sería el mejor. Pero también sabía que el poderío interpretativo de Marlon Brando beneficiaría tanto a la película como perjudicaría al rodaje.

Con cuarenta kilogramos de más y sin haberse leído ni la novela ni el guión, Brando volvió a fagocitar una gran película con una aparición episódica. Y forzó a Vittorio Storaro a diseñar un juego de iluminación sumamente hermoso -merecedor del Óscar- para no mostrar sus verdaderas dimensiones.

El discurso de Kurtz, revelador de la barbarie cometida por el ejército estadounidense en el país asiático, se cerraba desafiante: «Tienes derecho a matarme. Tienes derecho a hacer eso, pero no tienes derecho a juzgarme».

La presencia del coronel como objeto de la misión del pelotón que lleva Martin Sheen planea sobre éste como una impresión óptica: conforme se van acercando a él, su esencia se va transformando. Su traición empieza a perfilarse como un acto heroico. Su planteamiento desquiciado como la visión más descarnada de la realidad. Una realidad psicodélica a ritmo de The Doors.

Hasta llegar allí, el personaje de Sheen, el capitán Willard -papel que fue ofrecido a Harvey Keitel, Jack Nicholson y Al Pacino- barrunta en su interior el sentido de la lucha y, en la versión Redux que Coppola montó en el 2001, se encuentra con el reducto colono de burguesía francesa y con unas conejitas playboy para animar a las tropas.

Esas escenas fueron eliminadas del montaje final, pero «Apocalypse Now» contiene además, y estas sí desde el principio, otras dos escenas que han pasado a la Historia del cine.

La que describe con lúdica crueldad el sadismo que provoca la guerra bajo la frase de «Me gusta el olor del napalm por la mañana» -que justificó la nominación al Óscar de Robert Duvall- y el épico vuelo del escuadrón de helicópteros orquestado por La cabalgata de las Walkirias, de Wagner.




Artículo de La voz de Galicia

viernes, 1 de mayo de 2009

El hombre que salvó el Mundo

Eran las 12.14 de la madrugada del día 26 de setiembre de 1983, cuando la alarma se disparó en el bunker Serpukhov-15, la pantalla en frente del oficial de guardia, Stanislav Petrov, se tiñó de rojo, el ordenador mostraba que los americanos acababan de lanzar un misil nuclear contra la URSS, en menos de 20 minutos el misil haría impacto. La peor pesadilla se había hecho realidad, la estupefacción se apoderó de Petrov y sus subordinados.

Stanislav Petrov, foto del Washington Post, 2002

Petrov, teniente coronel de las fuerzas aéreas soviéticas, era responsable de la supervisión de la red soviética de satélites de alarma temprana sobre Estados Unidos. Petrov ocupaba una posición intermedia en la cadena de mando y supervisaba el personal que monitorizaba los datos que enviaban los satélites. De detectar una amenaza inminente, la obligación de Petrov era informar a los superiores en el cuartel general del sistema de alerta que llegado el momento informarían al personal encargado de consultar con el líder soviético, Yuri Andropov, sobre la posibilidad de iniciar una operación de contraataque.

La noche del incidente los ordenadores del bunker informaron del lanzamiento desde Estados Unidos de un misil balístico intercontinental con dirección a la Unión Soviética. Petrov tenía que pensar rápido y decidir si se trataba de una alarma real. Petrov recuerda que fueron cinco minutos de gran stress, en los que era consciente que se la estaba jugando. Mientras sostenía en teléfono con una mano, con la otra sujetaba un interfono intentando recabar toda la información necesaria, al mismo tiempo que los mapas electrónicos y las consolas no paraban de hacer destellos y el sonido de las ensordecedoras sirenas no cesaba.

Pese a toda esta presión y la responsabilidad de ser la persona que desencadenara la Tercera Guerra Mundial, Petrov fue capaz de mantener la cabeza fría y llegó a la conclusión que todo era sólo una falsa alarma. Petrov creyó que era improbable que los americanos iniciaran un ataque nuclear con un solo misil, puesto que siempre le habían dicho que de hacerlo lo harían a gran escala, es decir, con el lanzamiento de cientos de misiles de manera simultánea, con el objetivo de imposibilitar que la Unión Soviética contraatacara. Además, la fiabilidad del sistema de satélites ya había sido cuestionada en el pasado.

Sin embargo, al poco rato los ordenadores identificaron el lanzamiento de un segundo misil. Después un tercero, y después un cuarto y un quinto. En total cinco misiles americanos en el cielo, todos ellos dirigidos a la Unión Soviética. La situación se había complicado, quizás sí que fuera un ataque en serio. Petrov, aún sin saber si a estos cinco misiles los seguirían más, tenía que volver a evaluar la situación, y pese a no contar con ninguna otra fuente de información que confirmara sus sospechas, siguió desconfiando del sistema. El sistema soviético de radares terrestres, que hubiera podido confirmar el ataque, era incapaz de detectar los misiles más allá del horizonte. Aunque esperar a que estos radares los detectaran, de ser real la amenaza, hubiera limitado la capacidad de respuesta soviética a sólo unos minutos.

Fue una larga y desconcertante espera, 15 minutos, hasta que el sistema de radar confirmó su suposición, no estaban lloviendo misiles sobre la Unión Soviética, quedaba claro que el sistema informático había estado enviando falsos positivos. Los que estaban con él en el bunker le felicitaron y respiraron aliviados.

La gente no empieza una guerra nuclear con sólo cinco misiles”, con esta frase Petrov dejaba claro cuál fue la suposición (aunque fue eso sólo, una suposición) que le sirvió para tomar las decisiones de aquel día. También influyó que el sistema de detección de lanzamientos era todavía muy nuevo y se había puesto en servicio con demasiadas prisas. Según Petrov, que llevaba en el centro de alarma temprana desde su creación y lo conocía bastante bien, no era aún fiable del todo.

En todo el incidente hay una cierta confusión sobre si Petrov llegó a informar a sus superiores de la falsa alarma. Según unos sí que lo hizo, pero según otros no fue así y esto fue motivo de represalias a posteriori.

Tras el incidente, Petrov fue felicitado por su decisión. El comandante de la Unidad de Misiles de Defensa de las fuerzas aéreas soviéticas, Yuri Votintsev, reconoció que Petrov llevó a cabo las “acciones correctas” y que estas estaban “correctamente anotadas”. El mismo Petrov afirma que Votintsev le prometió una recompensa, aunque más tarde fue objeto de una reprimenda con el pretexto de no haber descrito del incidente adecuadamente en su diario militar. Finalmente, Petrov no fue castigado pero tampoco recompensado, según él mismo, porque los errores del sistema avergonzaron a sus superiores y a los científicos responsables. Según Petrov, si le hubieran recompensado a él, los demás tendrían que haber sido castigados.

El sistema soviético de detección de lanzamiento de misiles funcionaba de una manera diferente al americano. En vez de controlar toda la superficie terrestre, los satélites soviéticos “miraban” al borde de la tierra, reduciendo así el número de fenómenos naturales que podían ser confundidos con el lanzamiento de un misil. La silueta de los misiles, una vez estos se hubieran elevado unos kilómetros, aparecerían de manera clara contra el negro del espacio.

Para detectar la silueta de un misil, el satélite tenía que estar en una posición concreta. Para obtener esa vista, los soviéticos escogieron una órbita de un tipo especial que era usada por sus satélites de comunicaciones. Esas órbitas, conocidas como órbitas de Molniya , se aproximan mucho a la Tierra en el hemisferio sur, pero se alejan hasta casi hasta un décimo de la distancia entre la Luna y la Tierra, cuando pasan por el hemisferio norte. En esa posición, los satélites Oko (“ojo”) del sistema de alerta temprana pasan un gran parte de su tiempo “observando” los puntos de lanzamiento continentales situados en el Estados Unidos continental, mirando en el ángulo correcto.

Sin embargo, la noche del incidente, el Sol, el satélite, y los puntos de lanzamiento americanos se alinearon en una manera tal que maximizaba la luz del sol que se reflejaba en las nubes situadas a alta altitud. Fueron unos cuantos de estos reflejos los que fueron erroneamente confundidos con el lanzamiento de misiles. Es difícil saber si este efecto fue del todo inesperado. Podría ser que hubiera sido la primera vez que este alineamiento hubiera ocurrido desde la puesta en marcha del sistema de satélites el año anterior. En cualquier caso, el programa que se suponía debía filtrar este tipo de reflejos se corrigió y pasó a cruzar los datos con los provenientes de un satélite geoestacionario.

Petrov se sintió el chivo expiatorio de todo el incidente, acabó reasignado a un puesto menos sensible y se jubiló voluntariamente de manera anticipada. Después del incidente, su salud se vio afectada, debido al stress, sufrió varias crisis nerviosas y parece ser que pasó varios meses en hospitales. El incidente y la acción de Petrov pasaron totalmente inadvertidos en Occidente e incluso en la URSS. La primera vez que se supo de él fue en los 90, después de la publicación de las memorias del comandante Yury Votinsev.

En mayo del 2004 Petrov recibió un premio de 1.000 dólares de manos de la asociación Ciudadanos del Mundo “en reconocimiento por el papel que jugó en evitar una catástrofe”. En enero de 2006, Petrov viajó a Estados Unidos donde fue homenajeado en una reunión de la Naciones Unidas.

Portada de la revista TIME del 12 de setiembre de 1983 sobre el derribo del 007 de KoreanAir

Todos estos homenajes y reconocimientos no gustaron a todo el mundo, en especial entre los herederos de la Unión Soviética, la Federación Rusa. El mismo día que Petrov recibió los honores de las Naciones Unidas, la misión rusa en la ONU rebajaba la importancia del papel jugado por Petrov afirmando que “bajo ninguna circunstancia la decisión de usar armas nucleares podía ser tomada o incluso considerada en la URSS o en los Estados Unidos en base a la información proveniente de una única fuente o sistema. Para que esto ocurriera, era necesario una confirmación de varios sistemas: radares terrestres, satélites, informaciones de inteligencia,…”.

Pero realmente ¿qué hubiera sucedido si Petrov se hubiera limitado a dar por cierta la alarma del sistema y hubiera informado a sus superiores de un ataque americano?, ¿hubieran ordenado una respuesta nuclear?

Algunos analistas de la Guerra Fría cuestionan que el protocolo descrito por los actuales líderes rusos se hubiera seguido de manera estricta en el caso de Petrov. Las relaciones entre americanos y soviéticos se encontraban en un momento especialmente difícil. La alarma coincidió con el comienzo de unos desafiantes ejercicios militares de la OTAN, los Able Archer 83, y apenas tres semanas después que los soviéticos derribaran un avión de pasajeros surcoreano, el vuelo 007 de KoreanAir, que había invadido el espacio aéreo de la URSS.

La falsa alarma de Petrov no podía haber llegado en un momento más complicado. Reagan llamaba a los soviéticos el “Imperio del Mal” y según Blair “los rusos veían un gobierno norteamericano preparándose para el primer ataque, dirigido por un presidente capaz de ordenarlo”, los informes del KGB así lo corroboraban y la URSS estaba preparada para responder. Oleg D. Kalugin , un antiguo agente del KGB y que conocía bien al presidente Andropov, afirma que la desconfianza de este hacia los lideres americanos era profunda. Andropov estaba obsesionado con la posibilidad que los americanos lanzaran un ataque nuclear por sorpresa, así que es probable que hubiera considerado la alerta de los satélites como la confirmación de sus temores, por lo que podría haber ordenado un contraataque que hubiera producido la destrucción mutua.


The Man Who Saved the World, ver video en youtube.com

Petrov vive hoy en día retirado en la ciudad e Fryazino y pese a los premios que ha recibido no se considera a sí mismo como un héroe. Según afirmó en una entrevista: “era mi trabajo, y era la persona correcta en el momento apropiado”. Su última mujer, que durante años no sabía nada del incidente, a menudo le preguntaba: “¿Qué hiciste?” y el respondía: “No hice nada”. En la actualidad, se está preparando un documental, “El hombre que salvó el mundo”, que se espera que se estrene en julio de este año, 2009, tal vez ayude a que este héroe reciba finalmente el reconocimiento que se merece.

PS: ¿Qué hubiera hecho Petrov si el sistema en vez de confundir los reflejos con unos cuantos misiles, los hubiera confundido con cientos de ellos?

Artículo de Cabovolo

sábado, 31 de enero de 2009

Los Irregulares de Baker Street

Acciones coordinadas entre aliados y resistencia fueron posibles gracias a los Irregulares de Baker Street. En la imagen un oficial americano y un resitente francés, luchan en una ciudad de Francia.

A medida que los ejércitos de Hitler avanzaban por Europa, casi al mismo tiempo, en los países invadidos, surgían los grupos de resistencia. En algunos casos solamente eran un grupo de desarrapados y en otros un intento de ejército bajo el mando del gobierno en el exilio como en el caso de Francia, pero lo que era común para todos, era que todos operaban con más ganas que medios.

Pero Churchill, perro viejo donde los haya, se dio cuenta de que estos grupos dispersos podían convertirse en un auténtico “ejército clandestino” situado justo en la retaguardia enemiga. Por eso decidió crear el Ejecutivo de Operaciones Especiales o SOE (Special Operations Executive) más conocido como los Irregulares de Baker Street.

Hugh Dalton. Artífice, junto a Churchill, de los Irregulares de Baker Street.

El nombre de Irregulares de Baker Street le viene porque su cuartel general estaba en el número 64 de Baker Street, la misma calle donde vivía Sherlock Holmes y también porque, los Irregulares de Baker Street, eran una grupo de pillastres que aparecían en las novelas del detective y que Sherlock utilizaba como sus ojos y oídos. Así que el nombre es bastante acertado para algo que básicamente era una organización de espionaje. Sus funciones eran definidas en un documento:

“Ustedes son la autoridad responsable de la coordinación del sabotaje y de otras actividades subversivas, comprendiendo la organización de grupos de la Resistencia; además, les corresponde a ustedes proporcionar el asesoramiento y establecer los enlaces en todos los terrenos correspondientes a las actividades de los patriotas…”

Miembro de la resistencia falsificando unos documentos.

En sus inicios, en 1940, al SOE apenas se le prestó atención pues en general se prefería destinar todos los recursos a los “verdaderos ejércitos” antes que a un grupo de resistencia, pero según se acercaba el día-D, los oficiales comenzaron a darse cuenta del gran potencial que tenía la resistencia por lo que comenzaron a tomarlos más en serio. Un ejemplo, la Resistencia Polaca, sólo en el segundo semestre de 1941, destruyeron 935 locomotoras, hicieron descarrilar 90 trenes, saltar por los aires tres puentes e incendiar 237 camiones. No está nada mal para unos “campesinos”.


Sabotajes de la resistencia

Los medios se hicieron cada vez más abundantes. En su máximo apogeo, los Irregulares de Baker Street lo integraban de forma directa más de 13.000 personas y llegaron a coordinar a más de un millón por todo el mundo. También el aprovisionamiento de armas se intensificó y por ejemplo entre Abril-Mayo de 1944, sólo en Francia, se lanzaron en paracaídas 79.290 metralletas Sten, 27.961 pistolas, 16.961 fusiles, 3.441 ametralladoras, 572 Bazookas y 160 morteros.

La famosa “Sten” La más usada por la resistencia y suministrada por el SOE. Era un arma ligera, fácil de fabricar y montar y bastante fiable.

La acción de la Resistencia supuso, entre otras muchas cosas, que en Francia no pudiera moverse ningún transporte Alemán que no fuera acompañado por una fuerte escolta, con el desvío de otros frentes de hombres y material que eso conlleva.

Resistentes Daneses esperando para entrar en acción con sus Sten.

El SOE estaba integrado por gente corriente pero de un valor sin límites. Estos son algunos de sus más famosos agentes.

Capitán Harry Ree:

Harry junto a su documentación falsa con la que se movió por Francia

Conocido como “Henri”. Fue lanzado en paracaídas sobre Francia en 1943. Constituyó una nueva red de Resistencia y después de reunirse con Rudolphe Peugeot para que diera su consentimiento, destruyó la fábrica de Peugeot, el tercer objetivo industrial de Europa y que había resistido a los bombardeos de la RAF. Fue herido gravemente en una lucha cuerpo a cuerpo con un oficial de la Gestapo y los franceses lo ocultaron hasta que se recuperó. Pudo volver a Inglaterra a través de España.

Teniente-Coronel Yeo Thomas:


Conocido como “conejo blanco” o “Shelly” Fue y volvió de Francia hasta en cuatro ocasiones. Organizó un ejército clandestino que operó en toda Francia. Introdujo nuevos métodos de seguridad entre sus hombres para evitar las detenciones. Volvió a Inglaterra para entrevistarse con Churchill a quien pidió el envío de más armas y éste se lo concedió. En su vuelta a Francia fue capturado por la Gestapo y torturado. Le enviaron a un campo de concentración de donde consiguió escapar uniéndose a los aliados cuando llegaron a Francia.

Violette Szabo:


Conocida como Corinne. Saltó dos veces sobre Francia, la última 24 horas después del desembarco en Normandía para coordinar la acción partisana con los aliados. Fue capturada por la SS, salvajemente torturada y enviada a un campo de concentración. Allí fue fusilada en 1945, tenía 23 años.

Aquí está la lista de todos los agentes del SOE.

Ni que decir tiene el enorme peligro que corrían tanto los agentes como los miembros de la resistencia y que sólo pensar en los métodos que usaba la Gestapo se te debían poner los pelos de punta.


Algunos de los “aparatos” usados por la Gestapo.

Pero nunca dejará de sorprenderme el enorme valor que demostraban personas normales y corrientes que, por las circunstancias, se vieron obligados a convertirse en héroes. Como es el caso del partisano Yugoslavo Stjepan Filipovic quien, justo antes de ser colgado, aún tuvo el coraje de gritar “Muerte al fascismo, libertad para las personas.” Momento que quedó inmortalizado en esta estremecedora foto.

Filipovic gritando. Segundos después, el verdugo dio una patada a la banqueta.

Los Irregulares de Baker Street fueron disueltos en 1946 e integrados en el MI6.

… Los daños causados a las líneas de comunicaciones ferroviarias y terrestres para dificultar los movimientos del enemigo, y las continuas y crecientes dificultades impuestas a la economía de guerra y a los servicios de seguridad de Alemania por las fuerzas organizadas de la resistencia en toda la Europa ocupada, desempeñaron un papel de vital importancia en la victoria final Aliada.

Eisenhower, Mayo de 1945.


Artículo de Historias con Historia

domingo, 23 de noviembre de 2008

Mah Nà Mah Nà el exito infantil que vino del porno

“Mah Nà Mah Nà” es una canción pop muy conocida escrita por el italiano Piero Umiliano que se hizo bastante popular en varios países, incluído los Estados Unidos entre los años 1968 y 69. El tema original tampoco contenía letra, solo sílabas sin sentido que recordaban a un scat jazzístico. El tema original interpolaba melodías de la Rapsodia Sueca de Hugo Alfvén, “Santa Lucía”, “Boogie Woogie Bugle Boy“, el conocido tema de jazz “Lullaby of Birdland“, y otras.

Ahora viene lo gracioso, a pesar de que fueron las inocentes marionetas de Hemson las que popularizan la canción a nivel global desde Barrio Sésamo y Los Teleñecos, el tema original de Umiliano fue compuesto en realidad como banda sonora de una película porno llamada “Svezia, Inferno e Paradiso” (Suecia, infierno y paraíso) de 1968. La película era una especie de pseudo-documental sobre la salvaje actividad sexual, y otros comportamientos, de los suecos (”Mah Nà Mah Nà” servía de acompañamiento musical a una tórrida escena en una sauna).

El vídeo que ilustra el post se corresponde a la primera vez que apareció la parodia del tema de Umiliano en Barrio Sésamo, en el año 1969. Para que luego digan que el porno no es educativo ;-)

El post en el blog de Maikelnai



sábado, 22 de noviembre de 2008

El ciclista que ganó a la Stasi


La historia de Wolfgang Lötzsch es la del ciclista de la República Democrática Alemana (RDA) con más talento de los años setenta, quien, durante 17 años de carrera contra el viento helador de la Stasi, la policía secreta de la RDA, no recolectó ni honores ni medallas olímpicas, sino informes de su vida cotidiana, transcripciones de escuchas, de seguimientos, de delaciones, que suman 2.000 folios. Lötzsch los ha leído todos. Sabe quién le espió, conoce con nombres y apellidos quién le traicionó.

Como Sísifo, y pese a correr solo, sin asistencia, contra los mejores cachorros de la escuela deportiva de la RDA, Lötzsch acumuló victoria tras victoria, contra toda lógica, contra toda esperanza, contra la arrogancia del poder. La afición se enamoró de él, el símbolo de los pequeños triunfos del individuo contra el aparato. El público aplaudía y jaleaba algo más que la victoria de un deportista. Como Sísifo, Lötzsch nunca salió de su montaña, nunca se le permitió correr fuera de las vigiladas fronteras de la Alemania del Este. "Nunca ha visto el sol", es lo que se decía en su país.

No hay ciclista que no asocie la bicicleta a la libertad. Perico Delgado contaba que de niño no paró hasta conseguir una porque deseaba ser como sus amigos, tener la misma libertad para viajar, para irse al río las tardes de verano. Para Alberto Contador, otro ganador del Tour, lo más duro de su oficio de campeón son las sesiones fotográficas, los compromisos, la agenda a reventar. "Pero todo eso lo olvido cuando estoy solo en una bicicleta", dice. "Sólo lamento no acordarme de todo lo que veo desde la bici, de cómo siento los paisajes y el viento cuando pedaleo". Para Lötzsch, que nunca pudo correr el Tour, la bici era más que libertad. Era, es, la vida.

Treinta años necesitó Lötzsch para poder ver el sol, acudir al Giro, a las carreras con las que soñaba en su juventud. Lo hizo como mecánico de equipos ciclistas, del Milram, del Gerolsteiner. Pero esa época también se acabó. Ahora su vida es el pasado, es su taller de bicicletas, un garaje pegado a su casa, un local con una persiana metálica enrollable "de los tiempos del Este", decorado con pósteres de Induráin, Pantani, y con las coronas doradas de sus viejas victorias -"al principio pensé en tirarlas todas a la basura", dice Lötzsch, "pero después me di cuenta de lo que significaban, de aquello a lo que había renunciado para conseguirlas".

Su taller está en las afueras de su ciudad de toda la vida -"los sajones somos gente sedentaria"- , Chemnitz, la misma que en 1954, cuando Lötzsch tenía un año, pasó a llamarse Karl Marx-Stadt. Cada mañana llega en bicicleta, en una Eddy Merckx que le regaló el mismísimo caníbal a la caída del muro, cuando le contaron su historia. Siempre después de su entrenamiento habitual, después de subir, un día más, la empinada Glücksberg (Montaña de felicidad), la calle en la que empezó todo en 1971.

"Yo quería ser del equipo nacional por el estatus que proporcionaba, porque me arreglaría la vida y para llegar a correr la Carrera de la Paz [el Tour del ciclismo del Este en los años en que sus amateurs no podían correr en las carreras profesionales del Oeste capitalista], los Juegos Olímpicos, el Campeonato del Mundo amateur: los tres grandes objetivos con los que se podía soñar en el Este". A los 17 años, todos los sueños le estaban permitidos a Lötzsch, a quienes los cazatalentos ya habían designado "el rey del ciclismo". Le llamaban El Largo, y a los 18 años sus tests fisiológicos y de resistencia eran superiores a los de Täve Schur, el campionissimo del Este, campeón del mundo amateur en 1958 y 1959 y repetido vencedor de la Carrera de la Paz.

A finales de 1971, Lötzsch es la gran esperanza del ciclismo alemán del Este para la gran batalla deportiva de la guerra fría, los Juegos Olímpicos de Múnich 72, disputados en el territorio más enemigo, donde toda medalla de oro sería una victoria del socialismo. Para cerrar su pase al equipo nacional, los directivos de su club local, el Karl Marx Sport Club, le convocan en otoño. Le acompaña su padre a la reunión. Él tiene 18 años; su padre, 71. El padre es un hombre que ha sobrevivido a dos guerras mundiales, sus ojos han visto desfilar delante de ellos la turbulenta historia de la Alemania del siglo XX, su alma ha crecido inconformista, escéptica e ingenua. Por eso, cuando los jefes del club le sugieren a su hijo la conveniencia de afiliarse al Partido de Unidad Socialista de Alemania, salta disparado como un muelle. Habla. Dice que su hijo sólo quiere hacer deporte, que le dejen tranquilo, y que además en la RDA no hay libertad de opinión ni de prensa. Los funcionarios respondieron al ataque de la forma más brutal, chantajeando a Wolfgang. ¿A quién quieres más, a tu padre o al socialismo? Y el hijo, con la mezcla de valentía, ingenuidad y cabezonería que le distinguiría siempre, respondió: "Estoy de acuerdo con mi padre. No me gustan algunas cosas de este país".

Unos días después, en vísperas de un campo de entrenamiento en Bélgica, Lötzsch es expulsado del club por su "completa inestabilidad política". "Fue como si el mundo se hundiera bajo mis pies", recuerda Lötzsch, a quien se le cerraron de golpe las puertas del equipo nacional, de los Juegos, de un futuro sin preocupaciones como figura del socialismo. Debería haber sido el fin de su carrera deportiva, fue el comienzo de su leyenda.

El ciclismo es su vida. No puede abandonar. Lötzsch encuentra un hueco en una liguilla de empresas. Su única oportunidad. Corre sin ningún apoyo, con su vieja bicicleta, una pesada Diamant, la marca mítica del Este, fabricada en su propia ciudad. Mientras el sistema estatal de entrenamientos perfecciona el trabajo sobre los grandes talentos, a los que envía al extranjero, él se entrena solo en las colinas que rodean su ciudad. La furia es el motor que no le deja descansar. Gana todas las carreras de la liga de empresas. Se gana también el derecho a competir en los campeonatos nacionales y en la carrera de un día más importante, la Vuelta a Berlín, disputada sobre el pavés, el Tour de Flandes del Este. Contra todo pronóstico, y por sólo 31 centésimas, se impone en el campeonato nacional de persecución. La afición estalla. Reclama su participación en los Mundiales. "¡Lötzsch a Canadá! ¡Lötzsch a Canadá!", gritan. El régimen, ridiculizado, cambia inmediatamente las reglas.

Lötzsch no irá al Mundial, pero cuantos más obstáculos pone el Estado en su camino, con más fuerza se entrena, con más determinación trabaja. Lötzsch debe ser aislado, es un virus. En las carreras, entre los equipos oficiales, se repite la consigna: todos contra Lötzsch. Se prohíbe a otros corredores hablar con él, incluso. A un ciclista que le dio la mano le expulsaron del equipo nacional. Y contra todos, Lötzsch sigue ganando. En 1974 gana por primera vez la Vuelta a Berlín, también el campeonato nacional de carretera, la Vuelta a Sajonia. Pero la selección nacional le sigue vedada. El régimen se inventa reglas absurdas. Le obligan a salir cinco minutos después del pelotón, pero él alcanza al grupo y sigue ganando. Y lo más increíble: se gana a la afición. Se convierte en un héroe, jaleado, animado con pancartas, con cánticos, con gritos. "Pero el sistema siguió respondiendo de una manera brutal, cobarde", recuerda Lötzsch mientras lleva una mano a la cabeza pelada y pasa los dedos por una amplia cicatriz en su cráneo. En una carrera, en 1975, Lötzsch sufre una caída. Inconsciente, se queda clavado en el asfalto, la cabeza rota, sangrando. Nadie se detiene a ayudarle. El pelotón pasa de largo. Los coches le esquivan. Finalmente, en el último coche, el médico de otro equipo se detiene. Le transporta al hospital, donde permanece en coma varias semanas con el cráneo fracturado.

Cuando despierta, vuelve a entrenarse. Cuando está dispuesto para volver a correr, recibe un golpe más duro: la federación le suspende, no puede participar en ninguna carrera. El asunto Lötzsch ya ha alcanzado por entonces a los más altos niveles del aparato deportivo de la RDA. La Stasi ya ha empezado a trabajar. Hay momentos en que le espían no menos de 50 colaboradores no oficiales, los oídos de la dictadura del proletariado. Lötzsch, entonces, trata de huir al Oeste. En la Embajada de Bonn le dicen que pida permiso. Dos veces lo rechazan. La Stasi, además, busca cazarle con las manos en la masa: un agente le propone un plan de huida ilegal. Lötzsch no pica. Se reúne en secreto con Rudi Altig, el gran corredor de la Alemania Occidental, que dirige a un equipo en una competición en la RDA, y le pide ayuda. Da un paso más: visita al corresponsal en el Este del Süddeutsche Zeitung, un periódico occidental, y le cuenta su historia. El 20 de julio de 1976, toda Alemania la lee. La Stasi está furiosa. Una noche, la Policía Nacional (Volkspolizei) le detiene y le provoca. Él estalla. "Los ciudadanos de la RDA no tenemos derechos". Detenido y condenado por "repetido libelo de Estado", Lötzsch pasa 10 meses en una celda de la Stasi, ocho metros cuadrados, un cubículo sin ventanas. 400 flexiones diarias, 3.000 abdominales le mantienen en forma. Si se hubiera abandonado, si hubiera perdido la forma. Si hubiera renunciado a ser ciclista, habría logrado ser deportado. Pero en las condiciones en las que abandona la reclusión, fuerte como al entrar, la Stasi no se puede permitir que salga de la RDA. "¡Nunca saldrás de la RDA! ¡Nunca dejaremos que un renegado como tú gane medallas para el enemigo de clase!", le grita un funcionario de la prisión.

Es el otoño de 1977. Está en libertad. Lötzsch quiere correr de nuevo, pero la sombra de la Stasi no le abandona. Es un "enemigo del Estado" y merece vigilancia plena, detenciones constantes. "Hasta que un día, harto, decidí combatir al régimen con sus mismas armas", dice. Acepta afiliarse al partido, retira su petición de permiso para salir del país, finge haberse reformado. Sólo tiene un objetivo: el gran regreso.

Su gran día le llega finalmente en 1983, a los 30 años. El sol quema. 128 corredores toman parte en la 77ª edición de la Vuelta a Berlín. Los mejores del país, el orgullo del régimen, los ciclistas modelo, Olaf Ludwig, Uwe Ampler, corredores soviéticos, polacos. Y Wolfgang Lötzsch. Solo. Sin equipo. Su única oportunidad es la fuga. Se escapa en el kilómetro 50. Una locura. Quedan 150 por delante. Contra todo pronóstico, como siempre, Lötzsch gana. Llega solo a la meta, aclamado por cientos de personas que han bajado a la carretera al oír de su fuga por la radio, con 8m 30s sobre el pelotón. La Stasi se rinde definitivamente. "Lötzsch nos ha obligado a respetarle", admite el oficial que con más saña le persiguió.

Wolfgang Lötzsch quería que se conociera su historia, y Sascha Hilpert la ha convertido en una película documental, Sportsfreund Lötzsch (Amigo deportista Lötzsch), que tuvo una gran resonancia el verano pasado en Alemania. La historia de Wolfgang Lötzsch es una historia de represión, vigilancia y espionaje común a la de miles, incontables, víctimas del régimen de la RDA. "Es la historia de Sísifo y su piedra", dice Hilpert. "Un Sísifo que en vez de con una piedra carga con una bicicleta: la montaña es la misma, y también la interpretación, la que dio Albert Camus: 'La lucha contra la montaña puede satisfacer el corazón de un hombre".

"Lötzsch luchó físicamente sobre la bicicleta contra el régimen. Sobre la bici era capaz de demostrarle a los funcionarios su fuerza, su poder sobre ellos", dice Hilpert. "Una lucha por y para su propia libertad. Por eso, para siempre, la bici será símbolo de libertad para él".

Wolfgang Lötzsch sólo conoció los detalles de su carrera destruida cuando tras la caída del muro pudo leer los documentos de la Operación Radio de bicicleta, una de las más amplias de los servicios secretos en el terreno deportivo, 2.000 páginas, una guerra contra un enemigo que no existió en realidad. Lo que descubre es más duro de tragar que cualquier suspensión: ninguno de sus amigos se salva. Todos le espiaron. "Fue un shock descubrirlo", dice Lötzsch. Ninguno de ellos, ninguna de esas personas, a las que aún sigue viendo a diario en Chemnitz, le ha pedido disculpas, le ha dado una explicación.

El reportaje de Carlos Arribas en El País

martes, 18 de noviembre de 2008

La negligencia de Saint-Pierre

La negligencia de Saint-Pierre: 30.000 muertos, 1.000 serpientes y sólo 2 supervivientes

Esta historia es un viaje a través del tiempo, a modo de flashback inverso, que cuenta una de las peores tragedias del siglo 20. Una tragedia fruto de la ambición y negligencia humana. Si no conoces la masacre de la ciudad de Saint-Pierre esta crónica te sorprenderá , in-crescendo, conforme se ‘des-acontezcan’ los hechos.

Los supervivientes:

12 de mayo de 1902

..Los equipos de rescate se sorprenden ante los aullidos procedentes de la cárcel de la ciudad, en primera instancia los ignoran pensando en alguno de los innumerables animales que huyeron despavoridos de la montaña. Un instante después los aullidos se transforman en arcadas y llanto. Por el ventanuco de la celda semi-enterrada consiguen rescatar desenvuelto de piel y envuelto en ceniza al jóven Louis-Auguste Cyparis un preso encarcelado el día anterior de la catástrofe por una trifulca sangrienta de cuchillos, alcohol y nocturnidad. Louis había logrado la supervivencia al orinarse en sus ropas mientras la nube piroclástica intentaba colarse por la rejilla del habitáculo mejor protegido de toda la ciudad.


Celda de Louis en 1902. Ver estado actual

Louis fue perdonado de todos sus crímenes y encontró la fama cuando se unió al circo Barnum & Bailey para contar su experiencia. Protagonista del espectáculo “El hombre que sobrevivió al Juicio Final”, fue la primera estrella ‘negra’ en el show de los segregados…

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9 de mayo de 1902

Léon Compere-Léandre, zapatero de la ciudad, relata su experiencia del día anterior y su milagrosa supervivencia, después de ser encontrado corriendo despavorido y como un loco por los parajes cercanos de la villa:

“Sentí el horrible golpe del viento, la tierra comenzó a temblar, y el cielo se oscureció de repente. Me metí en casa, con gran dificultad subí los tres o cuatro escalones que me separaban de mi habitación y sentí cómo mis brazos y piernas se abrasaban, así como mi cuerpo. Me tiré debajo de una mesa. En ese momento otras cuatro personas entraron a refugiarse en mi cuarto, gritando de dolor, aunque no parecían tener signos de quemaduras. Diez minutos después, murió la pequeña Delavaud, de unos 10 años. Los otros tres se quedaron en la habitación. Yo fui al cuarto del padre Delavaud, que estaba vestido y tumbado sobre la cama, muerto. Perdí el conocimiento para recuperarlo una hora después. Vi que el tejado estaba ardiendo. Con las fuerzas que me quedaban y a pesar de estar lleno de quemaduras, salí corriendo de allí hacia el pueblo….”

..los investigadores concluyeron que sus aleatorios movimientos a través de las distintas estancias de la casa y su posterior zambullida en el océano (aún sin llegar a ebullición) lograron salvarle la vida, para Léon la intervención divina fue su verdadero ángel de la guarda.

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El infierno:

8 de mayo de 1902. 14:30 horas

La ciudad de Saint-Pierre era un tenebroso osario, ruina de hombres y piedras una espesa nube gris impedía ver nada a más de un palmo de distancia; toneladas de cañamales y azúcar seguían prendiendo y alimentando infructuosamente con su luz la espesa oscuridad.. el silencio se oía desde el puerto…donde los esqueletos chamuscados de dos naves (americana y francesa) , la Roraima y el Tamaya marcaban la puerta del infierno..

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8 de mayo de 1902. 07:30 horas

Cómplice del santoral (Día de la Ascensión) una colosal y densa columna piroclástica se elevó a más de 10 km de altura sobre el Mont Pelée la penumbra proyectada anticipó las ’sombras’ que se acechaban. 30 minutos después de la explosión, al ceder el empuje vertical, la columna colapsó y descendió a mas de 150 Km/h por las laderas cubiertas de lava incandescente hasta alcanzar y asolar completamente todo St. Pierre y el mismo puerto.

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La nube consistía en una masa incierta de vapor y gases volcánicos con polvo y cenizas, a temperaturas superiores a los 1000 °C que en menos de un minuto había cubierto toda la ciudad, consumiendo al instante todo aquello combustible y atrapando ‘pompéyicamente’ a sus 30.000 habitantes en un sarcófago de lava y ceniza de 21 kilómetros cuadrados.

Las serpientes:

3 de mayo de 1902

El volcán no dejaba de mandar avisos, el mar retrocedió unos 100 metros para seguidamente volver a su posición inicial desenmascarando las presiones que los movimientos internos ejercían al lecho marino. La montaña no dejaba de producir fuertes detonaciones, fumarolas y emisiones de ceniza fina (piedra pómez). Los animales de granja comenzaron a morir de hambre y sed, ya que sus fuentes de agua y alimentos fueron contaminadas con ceniza.

Quizás el suceso más sorprendente de todos los desencadenados por las ’señales’ del Mont Peleé fue la invasión de serpientes. Escapando de los vapores malsanos y venenosos que generaba la montaña, una miríada de serpientes emigró de forma forzosa y acelerada hacia Saint-Pierre . Cientos de serpientes, de casi dos metros de largo invadieron la ciudad. Estas víboras amarillas (Bothrops lanceolatus), una de las serpientes más venenosas del mundo, pertenecen a una especie única que sólo se desarrolla en la isla de Martinica.


Fer-de-lance, Martinique Lancehead (Bothrops lanceolatus) Via

Todo aquel animal o persona que se cruzó en su camino murió. Los soldados y los gatos gigantes de Martinica las mataron mientras pudieron, pero fueron muchos los que murieron, estimándose en unas 50 personas las bajas causadas por este extraño incidente.

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La Negligencia:

El desastre de St Pierre pudo haberse minimizado, de hecho, el 20 de mayo el Monte Pelée volvería a estallar aun más violentamente pero sin víctimas por que ya no había ser viviente alguno en la zona. Un cúmulo de negligencias circunstanciadas a las elecciones a gobernador que debieron celebrarse el 11 de mayo evitaron que la ciudad fuera evacuada como aconsejaron la mayoría de los científicos ajenos al movimiento progresista del gobernadoer electo Luis Mouttet.

2 de mayo de 1902

El señor Luis Mouttet se dedicó a desdeñar y minusvalorar todos los partes y avisos de la inusual actividad volcánica, y por razones meramente políticas se resistió a la evacuación general. Cuando la opinión pública presionó para conocer el verdadero peligro de la situación Luis Mouttet organizó una ‘farsa’ de comisión científica ( el único pseudo-científico era el profesor de la escuela secundaria ) que dictaminó que no existía peligro de una erupción inminente y, por lo tanto, no había que evacuar St. Pierre. En realidad el gobernador quería asegurarse los votos de sus electores, compuestos por la clase más pudiente y la única con medios para abandonar la isla. El gobernador convenció a los editores del periódico local de la conveniencia de minimizar el peligro de una erupción del Mont Pelée, A pesar de estas medidas “disuasivas”, algunas personas dejaron la ciudad y entonces el gobernador decidió enviar tropas a patrullar los caminos para impedir la salida de los atemorizados habitantes y devolverlos a sus casas.

Luis Mouttet y su esposa murieron presos de su ambición y cubiertos de gloria y ceniza bajo el volcán Mont Peleé el 8 de Mayo de 1902 junto a casi 30.000 ciudadanos engañados.

Artículo de Kurioso

domingo, 16 de noviembre de 2008

La historia del médico que salvó a 8.000 judíos simulando una epidemia.

La barbarie Nazi exprimió el ingenio de muchos héroes y científicos. La siguiente historia es la crónica de la lucidez, sagacidad y dificultades de uno de ellos. El médico polaco Eugeniusz Lazowski inventó una gran epidemia de tifus a base de un innovador método que consistía en inocular los reactivos a personas sanas para generar falsos positivos. Las fiebres tifoideas eran ‘la peste negra’ para los alemanes, que acotaban en cuarentena cualquier brote sospechoso de propagarse evitando así la deportación y reclutamiento para los campos de trabajo y exterminio de los judíos polacos.

Eugeniusz Lazowski (1913-2006) era un médico polaco de inminente rasgos pacifistas. A pesar de enrolarse pronto en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial siempre ejerció como ‘salvavidas’ y galeno en la descompuesta estructura de la milicia polaca y en la Cruz Roja internacional.

A mediados de 1940, un año después de la invasión Nazi, el Doctor se encontraba ejerciendo en la aldea de Rozwadów, al este de la Polonia ocupada. Los alemanes estaban levantando ya la ingente red de campos de concentración, fábricas y minas que necesitaban para alimentar su maquinaria bélica. La mano de obra polaca, por su cercanía, era fuente barata e inagotable de recursos para el sistema Nazi.

Por la noche, y con alevosía, la Gestapo mezclaba sus rituales de asesinatos al azar con el trille de las aldeas polacas reclutando a la fuerza mano de obra dentro de una población ya diezmada por la hambruna y las necesidades más elementales. La mayoría nunca regresó a sus casas.

Hacía poco que el Doctor Lazowski se había trasladado a la aldea desde su Varsovia natal. Recién casado y titulado no temía por la deportación ya que el ejército alemán necesitaba de médicos judíos que controlaran las posibles epidemias ‘desde dentro’ para ejercer un control más efectivo. Lazowski tenía pues, junto con su compañero de facultad Stanislaw Matulewicz, la responsabilidad de informar de los brotes epidémicos en Rozwadów y en las pedanías aledañas.

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Rozwadówen en 1938.Fuente

El tifus era la epidemia más temida por el ejército alemán. Su capacidad diezmante preocupaba sobremanera. El mayor error médico del ejército fue conseguir desterrar la enfermedad de toda Alemania, impidiendo la formación de anticuerpos en la tropa Nazi, lo que les dejaba vendidos e indefensos ante un posible contagio. Por ello tras las primeras bajas y alarmas dedicaron grandes recursos a la terror-investigación. En Buchenwald y otros campos, eran constantes los experimentos con prisioneros para probar las vacunas y pócimas contra el tifus exantemático. Todos los científicos duchos en materia eran reclutados en secreto para intervenir en estas investigaciones. Testimonios escalofriantes en el Juicio de Nuremberg dan fe de ello.

En las navidades de 1941, nuestro doctor se encontró con el primer caso de fiebres tifoideas del pueblo. Un joven aldeano con 40º de temperatura, jaquecas, escalofríos, y dolores generales acompañado de manchas rojas en la piel. La erupción se diseminaba al cuerpo entero a excepción de la cara, palmas de las manos y plantas de los pies. Tomó una muestra de sangre y la envió al laboratorio controlado, lógicamente, por los alemanes.

Los métodos de detección de la enfermedad se basaban en esa época en un reactivo llamado ‘reacción de Weil-Felix’ basado en el Proteus Ox-19 que mezclado con la sangre del paciente se aglutinaba y se enturbiaba en caso de positivar. Para que esto ocurriera, la mezcla debería estar a una temperatura no superior ni inferior a 38ºc, por ello las pruebas se hacían en habitaciones con complejos sistemas de calefacción y termostato.

El compañero de Lazowski, el Doctor Matulewicz especialista en medios de diagnóstico, preguntó una tarde de pruebas a su compañero:

-¿Qué ocurriría si en vez de mezclar el Ox-19 con una muestra de sangre se lo inyectáramos a una persona sana? Y si luego le tomáramos una muestra e hiciéramos la reacción, ¿se confirmaría el diagnóstico de tifus?

Con el miedo de banalizar el juramento hipocrático y convertirse en discípulos del mismísimo Mengele, ambos decidieron que valía la pena experimentar en un aldeano no sin antes confirmar que el reactivo estaba compuesto simplemente por bacterias muertas lo que impedía, teóricamente, el posible contagio.

-”Yo no estaba en condiciones de luchar con una pistola o una espada”, dijo, Lazowski en su biografía “pero encontré la manera de asustar terriblemente a los alemanes”.

Inyectaron la muestra a un paciente de la consulta amigo personal de Matulewicz, que estaba desesperado por eludir el reclutamiento Nazi. La prueba tifoidea dio positivo a las 4 horas y a los 6 días. El paciente no desarrollaba ningún síntoma. El experimento fue un éxito. Ambos habían conseguido que la reacción de Weil-Felix arrojara un resultado positivo en una persona sana, por primera vez en la historia, y sin que nadie más en el mundo lo supiera.

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Barracón de tifoideos en Auschwitz.Fuente

Adjuntaron la muestra de sangre del primer paciente al laboratorio oficial nazi, cruzando los dedos de que no hubiera un nuevo y desconocido sistema de detección alemán. A los dos días recibieron el famoso telegrama rojo:

Achtung, Fleckfieber! (Peligro Tifus) […] confirmado positivo. Aíslen al paciente. Imposible pise suelo alemán”

A partir de ese momento los doctores diseñaron un complejo y estratégico plan para Pseudo-infectar a la mayor cantidad posible de polacos. Secretismo absoluto para con esposas y familia cercana. Con tácticas inteligentes para no levantar sospechas, siguieron las directrices marcadas por epidemias anteriores intentando imitar el comportamiento de un contagio natural.

En verano disminuían las falsas infecciones pues los piojos (portadores de la enfermedad) eran menos comunes por el aumento de las temperaturas. En el otoño de 1942 iniciaron la mayor campaña de infección. Mientras Matulewicz preparaba las muestras el Dr. Lazowski se dedicaba a buscar pacientes con gripe o con síntomas parecidos al tifus y tras advertirles de que quizás padecían la enfermedad, les ponía una la falsa-inyección diciéndoles que era para aumentarles la resistencia. Al poco tiempo les llamaba para tomarles la muestra de sangre y enviarla al laboratorio.

Tras hacer cuentas y ver el escaso número judíos y no judíos salvados aumentaron el riesgo de ser descubiertos ideando un nuevo compuesto que simulaba la sintomatología del tifus de una forma inofensiva y pasajera, de esta forma podían inocular el reactivo y engañar a los equipos de arbitraje nazi. Las cifras aumentaron.

Parecía todo muy prometedor para el joven equipo médico hasta que los alemanes enviaron una dotación de inspección médica a la región para verificar el alto número de casos de la “enfermedad” y la escasez de defunciones. El equipo, compuesto de unos pocos médicos y demasiados soldados armados, se reunió con el Dr. Lazowski a las afueras de la ciudad, donde un premeditado ‘banquete’ esperaba a los Nazis. Entre viandas y bebida el Dr. Lazowski consiguió reducir el grupo de inspección a sólo 2 unidades, ambas perjudicadas por la bebida. Con ellos se dirigió al sanatorio donde les esperaban infinitas muestras. No hubo más problemas.

Toda la región se llenó de carteles marcando territorio contaminado. El infierno para unos, fue paraíso para otros que consiguieron eludir el reclutamiento gracias a la perspicacia y valor de un par de jóvenes médicos polacos.

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Cartel nazi avisando del área de cuarentena por tifus. Rozwadów

Hryniewiezki, ahora cirujano en la ciudad polaca de Poznan y que era sólo un niño de 15 años en ese momento, dice que recuerda los disparos que daba la Gestapo al azar, la epidemia y la cuarentena. Asimismo, recuerda, que después de una temporada, la gente descubrió lo que realmente estaba pasando.

“Cuando la gente mejoraba, se daban cuenta de que era falso”, dijo en una entrevista telefónica desde Polonia. “[…] Pero, por supuesto, nadie decía una palabra porque sabían que los alemanes nos matarían y matarían al Dr. Lazowski”. […] Él salvó a muchos de nuestros hermanos de ir a la cárcel o a los campos de la muerte”.

Al terminar la guerra ambos médicos se separaron. Lazowski se instaló en Chicago a partir de 1958, como pediatra y profesor de medicina en la Universidad de Illinois y cuando se enteró del paradero de Matulewicz (médico en el Zaire) intercambió con él correspondencia confesando al mundo sus hazañas en 1977 para una revista Norteamericana de microbiología. En el año 2003 el cineasta Ryan Bank comenzó a preparar un documental sobre los hechos, pero la falta de financiación y la muerte de Lazowski en 2006 interrumpieron el proyecto indefinidamente.

El genial artículo en Kurioso

martes, 11 de noviembre de 2008

Breve historia del café


El café, esa bebida estimulante y aromática tan difundida por el mundo, encuentra su origen en las tierras de Abisinia (actual Etiopia). Fruto de un arbusto llamado cafeto, su nombre procede de la ciudad etíope de Caffa. Una leyenda atribuye su descubrimiento a un pastor local llamado Kaldi, quien observo el efecto reanimante ejercido en sus cabras tras comer unos frutos rojos de un arbusto. Tras probarlos él mismo se sintió con más vigor y energía. Aunque con toda probabilidad, las tribus africanas lo conocían desde la Antigüedad utilizando los granos molidos para alimentar a los animales, dar fuerzas a sus guerreros, y soportar las largas ceremonias religiosas

Su popularidad llegaría tras la introducción de éste en Arabia, donde Yemense convertiría en un importante centro de cultivo y distribución por todo el mundo musulmán; y al que por sus efectos dice la leyenda que Mahoma le dio el nombre de qahwa (قهوة), que significa excitante, energético, vigorizador. Precisamente sobre sus alteraciones en el organismo humano hizo que los imanes ortodoxos de La Meca (1511) y El Cairo (1532) se planteasen si las determinadas características se ajustaban a los parámetros del Corán, el cual prohíbe todo tipo de intoxicación. Sus conclusiones llevaron al emir Khair Bey a prohibirlo, pero las revueltas surgidas tras el cierre de las cafeterías hizo que las autoridades derogasen el edicto. Como ejemplo curioso decir que existía una ley turca que permitía el divorcio de una mujer si su marido no le proporcionaba una dosis diaria de café. Por aquella época, el café se había extendido por PersiaEgipto, África Septentrional y Turquía, donde en 1475 abriría sus puertas en Estambul Kiwa Han, la primera cafetería del mundo.

La primera mención que se tuvo en Europa del café aparece en un libro publicado en 1583 por el botánico y médico alemán Léonard Rauwolf, quien acababa de volver de un largo viaje por Oriente Medio.

Una bebida tan negra como la tinta, útil contra numerosos males, en particular los males de estómago. Sus consumidores lo toman por la mañana, con toda franqueza, en una copa de porcelana que pasa de uno a otro y de la que cada uno toma un vaso lleno. Está formada por agua y el fruto de un arbusto llamado bunnu.

Gracias a los mercaderes venecianos, siempre con el oido atento al mercado de las especias, la nueva bebida llegó a Europa en el año 1615 generando muy diversas actitudes ante ella y varias anécdotas. Aquí os dejo dos de ellas:

  • Su introducción en Italia dio lugar a controversias sobre si era lícito a los papas el uso de una bebida de los mahometanos, siendo el papaClemente VIII quien resolvió probar el café y emitir su fallo. Lo saboreó y dijo: “Esta bebida de Satanás es tan deliciosa, que sería una lástima dejar a los infieles la exclusiva de su uso. Vamos a chasquear a Satanásbautizándola y así haremos de ella una bebida auténticamente cristiana”.
  • En el siglo XVII se creía que tanto el café como el té eran un droga, prescribiéndose que su uso continuado y a grandes dosis podía llevar a la muerte del consumidor. Intrigado por esta receta, el rey Gustavo III de Suecia para demostrarlo, ordenó a un reo tomar café todos los días y a otro tomar té. El experimento, que fue seguido por una comisión médica, fue un fracaso: los primeros en morir fueron los médicos, después el rey, muchos años más tarde el condenado a beber té y por último el bebedor de café.
Kofetarica (La bebedora de café), de 1888. Óleo sobre lienzo de Ivana Kobilca (1861–1926), en el Museo Nacional de Ljubljana
Kofetarica (La bebedora de café), de 1888. Óleo sobre lienzo de Ivana Kobilca (1861–1926), en el Museo Nacional de Ljubljana

El café fue especialmente reprobado en ciertos núcleos protestantes; tanto que algunos terratenientes alemanes pusieron medidas en marcha para dificultar su difusión. En Rusia estuvo prohibido con penas incluso de tortura y de mutilación. Y, cuando la policía zarista encontraba a alguna persona presa de una crisis nerviosa, se lo atribuía al café. El malestar ante esta bebida persistió hasta bien entrado el siglo XIX en el norte de Europa.

Mientras en el este y el oeste europeo hubo una mayor tolerancia. En la década de 1650 comenzó a ser muy importado y consumido en Inglaterra, y se comenzaron a abrir cafeterías en Oxford y en Londres, las cuales se convirtieron en lugares donde nacieron las ideas liberales, debido a la visita frecuente a esos lugares (donde, por cierto, se distribuían panfletos) por parte de filósofosletrados. Como curiosidad decir la famosa compañía de seguros Lloyd’s fue en su origen una cafetería.

El café cruzó el Atlántico en 1689, con la apertura del primer establecimiento enBoston. La bebida ganó popularidad y obtuvo el rango de bebida nacional, después de que los rebeldes lanzaron al mar el  sobretasado por la corona británica durante el motín del té en Boston. Esta operación clave sepreparó en la cafetería Dragón verde. En la actualidad, las principales regiones productoras de café son América del Sur (en particular, BrasilColombia yPerú), VietnamKenia yCosta de MarfilHawai tiene una pequeña producción de café de gran calidad y elevado precio, pero entre las numerosas variedades desarrolladas, el café más caro y famoso sigue siendo el Blue Mountain procedente de Jamaica.

Artículo de Historia Infinita